
Al decir "conocimiento", se refiere a "práctica y estudio".
Y, al decir "afición", se refiere al "amor".
Así es que, por favor, si usted se dedica a recoger sellos e ir poniéndolos en una caja... no diga que es filatelista. Y si usted piensa en el dinero que puede obtener... no diga que es filatelista.
Usted será un buen filatelista, cuando llegue a tratar sus piezas con la destreza de un pintor famoso, el virtuosismo de un gran pianista y la habilidad de una gimnasta olímpica.
Usted será un buen filatelista, cuando dedique a sus sellos la práctica y el estudio de un campeón de ajedrez.
Usted es un buen filatelista cuando ama a sus sellos.
Nadie puede obligarle a usted a ser filatelista; pero tampoco hay nada ni nadie que pueda a usted impedírselo.
La filatelia nace con usted y usted podrá desarrollarla o no... pero, por favor, si lo hace... hágalo bien! Vale la pena.
Y, si usted cree que tiene suficiente con sus ocupaciones actuales... entusiasme a sus hijos a que se hagan amigos de esos papelitos que tantas cosas pueden enseñarles (pero simplemente infórmeles, no les "obligue").
Jesús Moret y Ferrer (Julio 1978)
Con este artículo, publicado en el Diario EL CARABOBEÑO el Martes 1° de Agosto de 1978, se establecen los fundamentos que, sin lugar a dudas, conducirán al autor hacia "FILO-FACTURA".
La crisis político-económica y socio-cultural en la que estamos inmersos, ha terminado por “destapar” gran cantidad de “intentos filatélicos del pasado”.
Entre filatelistas, resulta comprensible y familiar la figura del “colector”. Éste, en algún momento - y durante cierto período (más o menos prolongado) -, ha sentido especial atracción hacia los sellos de correo. En Julio de 1978, “Filatelia Pura”, fue mi primer intento - escrito - por “establecer diferencias”; entre esa atracción inicial, correspondiente al período o “fase pre-clasificatoria” y el hecho de haber traspasado el umbral de la filatelia.
Arte, Conocimiento y Afición (virtuosismo, habilidad y destreza - práctica y estudio - y amor), son “valores” en los que se auto-educa el filatelista. Con madurez, al asumir la responsabilidad de nuestro propio aprendizaje, se van perfeccionando facultades intelectuales y morales (vamos encaminando, y sistematizando, nuestro propio desarrollo); a la vez, asumimos la responsabilidad de nuestra obra, afinando los sentidos, los buenos usos y maneras.
De tal forma, resulta que: quizás “para justificarnos ante los demás”, algo puso precio a todo. Así, ¡lo nuestro tiene valor! Sí, ¡claro que lo tiene!; pero, aunque le permita al profano observar mi colección, únicamente verá “la punta de mi iceberg” ... la filatelia va más allá ... a través de nuestra mente ... muy profundamente (religiosamente).
















